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dimarts, 1 de maig del 2012

Menuda faena

Hoy en una no corta cantidad de países se celebra el Día del los Trabajadores. Esa lista podría ser todavía más larga si los Países Bajos lo celebraran. El caso es que debieron decidir que no hubiera dos días seguidos con los súbditos tumbados a la bartola. Igualmente, con el día de perros que ha hecho mejor aprovechado que en la oficina en ningún sitio.

Así pues, al día siguiente del Koninginnedag la multitud que bramaba con música y albedrío alcohólico se torna modosa y prolija en la oficina. Las toneladas de basura sobre los adoquines o generando una simbiosis con la fauna de los canales son espectadoras de otro tranquilo día más. En los países sin fastuosos cumpleaños monárquicos o con poblaciones con el nivel de hierro subido el hartazgo ha colmado las calles.

Una fiesta en la que recordar lo hecho y lo que queda por hacer en pro del trabajo y de los trabajadores. Un día de celebraciones en tiempos difíciles con diferentes tintes. En Maastricht, honrados tenderos se han negado a cumplir la exigente normativa que entraba en funcionamiento en el día de hoy. En Bolívia el máximo mandatario hace un inquietante regalo comunal

Al fin y al cabo quizás estemos hablando de lo mismo: humo.

dissabte, 15 d’octubre del 2011

Camping otoñal

Hoy se celebran en centenares de ciudades por el mundo una jornada de reivindicación llamada 15-O cuyo origen parte de la #spanishrevolution de los #indignados del 15-M y del libro de cabecera Indignez vous (¡Indignaos!) de Stéphane Hessel.


A media mañana se empezada a asentar la primera tienda de campaña en Markt como primer acto visual del hastío que gran parte de la población de los países desarrollados tiene en estos días por los orígenes de la crisis económico-financiera, la falta de articulación de los poderes políticos y de los entes reguladores para atajar el problema y la nula condemna o consecuencia de los desmanes de los directivos de las entidades causantes de dicho colapso. Han pasado ya tres años desde el inicio de la quiebra y ni el modelo económico-financiero se ha modificado ni las entidades quebradas han padecido las consecuencias. Quien las está recibiendo de lleno es esa gran clase media que pueblan las economías desarrolladas. Ejemplos de artículos, libros y documentales los hay a raudales; Inside job es un buen y claro ejemplo.




Poco después ya había más tiendas de campañas y la música hace la pacifica jornada reivindicativa más lúdica y festiva. De no canalizar así la ira y rabia interior, podríamos acabar todos en como en la toma de la Bastille. Una mezcla de desdén, apatía y sumisión que aplaca a la sociedad presente de la que uno sueña que se tomaran cartas como en Fight club.










Muchas esperanzas se agolpan para mejorar un mundo demasiado desigual e injusto aunque a los manifestantes no les falta ni techo ni comida ni sus derechos son vilipendiados a diario, como así es para la gran mayoría de la población mundial que no se sumará a estas quejas ya que lo que les prima a día de hoy es sobrevivir un día más.

dimarts, 16 d’agost del 2011

Ideas de carteros

Recientemente he estado atareado con varios pormenores cuyo interés no es baladí para mi persona, a saber: primer viaje de vuelta a terras patrias desde mi asentamiento y búsqueda-y-captura de un nuevo piso.

Sin entrar en detalles de los mismos, en vista de su publicación en fechas venideras, no quería dejar de comentar aquellos detalles que a la par que me asombran y fascinan hacen emerger una sonrisa placentera en mi faz.

Desde pequeño (y también en fechas presentes) he tenido ideas locas. Algunas han sido plasmadas en la ciencia ficción universal, otras han sido tremendos fracasos comerciales y sociales y otras, las muchas, han quedado postergadas al olvido de la sociedad y de mi mismo. Una de ellas se centraba en la pura simplifación de las direcciones postales. Harto de invertir tanto tiempo en escribir las direcciones en las postales veraniegas y que algunas de ellas nunca llegaran a su destino sino a la mesilla de noche del cartero de turno; tuve una revelación. De la misma manera que se asignan números de teléfono para las casas y códigos de barras para los productos, se podría hacer lo mismo con las direcciones postales. De esta manera tan sólo necesitaríamos escribir un churro de muchas cifras y letras para detallar el destino.

Huelga decir que cualquier yerro tendría consecuencias fatales de la misma manera que cuando nos apuntamos en un posavasos el móvil del ligue de discoteca con unos sietes que posteriormente se leen como treses o unos.

Pues Holanda es el país de los inventores, de los ingenieros, de los prácticos o del pragmatismo exacerbado. Al rellenar cualquier formulario en el que se pide una dirección, se pide el número de la casa y el código postal. Con ésto basta para conocer el resto de detalles. Y es que a diferencia de los códigos postales de España, en los que se cubren miles de hogares de una población, zona o distrito, aquí el código combina tanto la población como la calle y el rango de número de casa. Los dos primeros dígitos corresponden a la ciudad y a la zona (62 para el caso de Maastricht). La combinación de las otras dos cifras y las dos letras dan el rango de números de la calle.

Desconozco si esta categorización existía antes de la privatización del servicio postal en favor de TNT o si fue esta compañía que introdujo su knowhow postal.

Una vez dicho, la verdad es que mucha miga más no se le puede sacar al tema. Así que, para aquellos días ociosos enmedio del tedio de Agosto podéis dedicaros a juguetear con los códigos en la página de la misma empresa si queréis practicar holandés o sino en esta anglófila. Os doy unos cuantos ejemplos de la ciudad de Maastricht para guiaros en el apasionante mundo de la sistemática ordenación urbana. Aparentemente, el 6211 AA es para Biesenweg y el 6211 AB de Fransensingel. Existen un rango de códigos numéricos que incluye, por ejemplo, 
  • 6221 BK, Wilhelminasingel del número 2 al 68
  • 6221 BL, Wilhelminsaingel del número 70 al 118
En el caso que la casa tenga número impar,
  • 6221 BE, Wilhelminsaingel del número 1 al 41
  • 6221 BG, Wilhelminsaingel del número 43 al 89
  • 6221 BH, Wilhelminsaingel del número 91 al 109
  • 6221 BJ, Wilhelminsaingel del número 111 al 127
A simple vista se observan dos hechos de gran trascendencia. El primero es que la agrupación numérica se hace por números pares o impares ya que implica que las casas están pegadas las unas a las otras o, en su defecto, unas cerca de las otras. En el caso de la Avinguda Diagonal de Barcelona, dar el rango del 499 al 500 supone ya un desmadre al distar entre ellas 1.1Km.

Para los con el ojo avizor, salta a la vista que los códigos no son correlativos y que existen algunas lagunas. Algunas letras no se usaban por razones técnicas tales como F, I, O, Q, U, Y (que leído rápido recuerda al improperio anglosajón) y algunas combinaciones están completamente descartadas por hechos penosos en la historia reciente vivida en Holanda tales como SS, SA o SD.

Entiendo que haya algunos de vosotros que prefiera otros pasatiempos como hacer sudokus o, como yo, crucigramas.

dimarts, 8 de març del 2011

Corriendo entre prados

Ayer fui a correr por primera vez por la ciudad y alrededores. Todavía la gente estaba de fiesta y alborotando Vrijthof y calles adyacentes con disfraces multicolores, música a todo trapo y fiesta sin cuartel.

Deseaba ver los límites de la ciudad y descubrir los prados verdes que había vislumbrado a través de la ventanilla del tren desde Bruselas. Llegando a Emmaplein ya empieza la zona residencial con casas de dos plantas unifamiliares. Calles aún más tranquilas si cabe sin rastros de comercios en las plantas bajas sino con garajes y pequeños jardines. Me imagino que la población debe ser de mediana edad y gente mayor ya que no me crucé con casi nadie.

El atardecer iba avanzando lentamente y el crepúsculo todavía iluminaba la transición del asfalto a la tierra de los caminos que se alejaban más allá del término municipal. Campos con caballos pastando, edificaciones solitarias, huertos frondosos.

Holanda debe ser plana pero aún así cerca de Maastricht hacia el oeste hay onduladas colinas que suavemente mecen la tranquila ruta. En las crestas, rodeado de prados intensamente verdes se divisa Maastricht y pequeñas poblaciones limítrofes a la cercana frontera belga. Hasta una quincena de estelas de aviones comerciales rasgaban el cielo en varias direcciones. Con un poco de imaginación y razonamiento, uno puede determinar el punto donde todas se cruzarían: Schiphol. El camino, empezando ya la cuesta abajo, indica que se ha superado la mitad del recorrido y que no van a haber más cuestas ascendentes.

Bélgica está a menos de un kilómetro. La próxima vez me pasaré por allí para comprar chocolates y recuerdos turísticos.

El retorno frío y ventoso hacia mi piso se eterniza por la oscuridad presente y el cansancio de tener un cuerpo nada entrenado para el esfuerzo físico. Llego al piso hambriento soñando con un buen filete aunque sé que no debiera.

Un par de huevos ‘biológicos’ y zumo multivitamínico hace las veces del pedazo de carne. El cuerpo, machacado, se desvanece en la cama. Son casi las 10.