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dissabte, 3 de desembre del 2011

Hielo a temperatura ambiente

Estamos viviendo el otoño más seco del último centenio. Los días han sido frescos y soleados.Algo anormal en esta época del año que debería repartir a diario nubes plúmbeas y lluvia persistente. Bajo el ya perenne txirimiri holandés de otoño abrió ayer las puertas Magisch Maastricht; el mercado navideño de la capital de Limburg.




Lo que antaño se llamaba Winterland, toma posesión de Vrijthof hasta el día 8 de Enero con el reclamo de una noria de tamaño respetable bien patrocinada y una pista de patinaje sobre hielo que congregó a varios curiosos en la actuación artística que dió el pistoletazo de salida del júbilo invernal. Más o menos a la misma hora se inauguraba con brindis al sol (20 grados) la pista de hielo artificial más grande de Europa en Plaça Catalunya. No soy el único que se sorprende de que tamañas hazañas ocurran en el mundo occidental, cosa habitual entre los emires. Algunos aducen que repercute en un aumento en las ventas. Otros en que es un despilfarro.










Como es habitual aquí, todo tenderete que se ponga en la calle irá acompañado de una pareja de ídems con wursts a la parrilla y en doble número, puestos de cerveza. Hay puestos de comida de todo tipo, siendo el más frecuentado el de churros del que no puedo comentar nada ya que no tuve la paciencia de hacer un cuarto de hora de cola.. Es una suerte de Fira de Santa Llúcia y de Fira dels Reis ya que adolece de un buen número de estantes de venta de adornos navideños y en cambio hay marroquinería, ropa de abrigo, 2 avetos en venta (pobre comparación con la Fira de l'Avet) y esas figuritas invendibles de personajes fumando. Con deciros que no he podido encontrar fotos en la red después de hora y media buscando y que he tenido que ir a la tienda a hacer las iguientes fotos denota lo imposible que es tanto encontrar dichos artículos como venderlos.




dissabte, 8 d’octubre del 2011

El precio de un kilo de pulgas

Ya es conocida mi pasión por la compra de productos añejos, inservibles y llenos de ácaros a la par que inútiles de los mercadillos. Conocedor de la existencia del mercado semanal que ocupa los aledaños de la estación de tren los sábados, a veces dejo que mi paseo cruce los tenderetes.

A mis finos oídos llegaron nuevas de que se organizaba el Mega Vlooienmarkt MECC Maastricht, una suerte de mega mercado de las pulgas en el recinto ferial de Maastricht. Cuan mayor gozo puedo tener que saber que existe un trozo de cielo polvoriento y remendado en tierra firme ¡¡y tan cerca de mí!!

Quizás para no ser menos que el grandilocuente TEFAF, existe derecho de admisión y cobro para la misma. Eso sí, no se adjuca catálogo alguno de los horrendos enseres y desechos culturales que se amontonan en los puestos. Desconozco si el precio de la entrada se destina a beneficiencia (ayudando a la gente a desintoxicarse de semenjantes aberraciones puestas a la venta) o a la compra solidaria de parte del stock presente en caso de malas ventas (extremo perfectamente plausible). El caso es que habiendo apoquinado la cifra de 3.5€, uno reconoce que no está en un mercado sino en una especie de museo del horror o instalación artística sobre los límites del gusto humano.

He visitado varios mercadillos por todo el mundo escudriñando posibles diamantes en bruto entre mares de negrura. El reto en sí mismo no es el de encontrar algo que cobijar en tu hogar sino hasta qué extremo puede haber gente que adquiera el género en venta. En ningún caso, en cambio, he tenido que pagar entrada ya que mucho es que uno se digne a caminar entre mugre como para además pagar por ello como si la gente fuera a hacer cola.

Pues creedme si os digo que había cola en la taquilla para obtener el ansiado pase para llenar el carrito de compra. La gente aquí viene equipada para tales eventos magnánimos.

Un hangar frío, desalmado, con un hilo musical quebradizo e insonoro y largas hileras de pasto de basurero o de ejercicios anti-estrés basados en la destrucción y quebranto de cuanto se tiene al alcance. La gran mayoría de la oferta era ropa de segunda mano, complments navideños, modernas estatuillas de porcelana de temática variada,  y hasta un montador de tejados con el muestrario de tejas multicolor ad-hoc.













Un fugaz paseo ha sido suficiente para observar que de interés no había más que la salida. Y máxime después de darme cuenta de que los que más se han divertido creo que han sido los niños, ajenos a las perdiciones coleccionistas colectivas.





Como en las buenas discotèques, a la salida te puedes dejar impregnar un sello de goma tintado para seguir saciando tu debilidad más tarde o mañana. En mi caso la tinta se ha quedado en el tintero ya que tengo planes de bañarme y limpiar mi mente de nefasta experiencia.

divendres, 15 d’abril del 2011

Mercado de todo tipo

Las oficinas del Gemeente Maastricht están cerca de la plaza Markt. Los miércoles y viernes hay un weekmarket (mercado semanal) allí que ocupa la totalidad de la esplanada y que tiene todo tipo de artículos en comparación con las ediciones diarias de plantas y comidas (con unas 20 paradas en comparación con las 200 del miércoles o las casi 400 del viernes).

Como el mercado en tiempos medievales, habia gente por todas partes, paradas con reclamos de todo tipo y productos variopintos para satisfacer casi cualquier necesidad. Lo primero que he podido observar es que la temporada de los verse asperges (espárragos frescos) ha empezado. En ristra se alinean centenares (sino miles) de ejemplares blanquecinos e idénticos para ser devorados por hordes vegetarianas. No son como los que cazamos en frondosos bosques que más se asemejan a una mustia hebra verde. Tendré que investigar el origen de dicho producto ya que no sería de extrañar que venga de tierras lejanas como se hace con los 'cojonudos'.



Y de allí pues a las frutas cítricas (de procedencia patria) y de frutas tropicales. Demostraciones de corte (y confección) de verduras al instante tipo teletienda pero en vivo y en directo. Tan real que al pasar cerca del estand, la cebolla me ha atacado las córneas después de morir despedazada a cuadros regulares.

Cerca de allí estaban las tiendas de repostería que tanto faltan en los mercados españoles. Decenas de variedades de bollería dulce seguida de panes de formas, colores y sabores  a discreción y rematado por las tradicionales wafles (gofres).




Y por si el inicio de la temporada de los espárragos no era suficiente, los huevos de pascua coloreados también tienen su cabida estacional en las paradas.



Y entremedio, pues unq quesería cerca de una tienda de botones y cremalleras con unas tiras de hombreras (¿eso no era de los 80?) y cinturones mil.

 






Los exigentes en la cocina pero no interesados en los productos en sí ni en los utensilios pueden decantarse en los relucientes hornillos dorados para poder fascinar a los vecinos en las visitas intempestivas que siempre nos regalan.


 Y para celebrar la supervivencia a tal descontrol consumista, uno puede saborear un buen cigarro.


Interesante la web de los mercados en la que se pueden ver las diferentes ediciones y sus localizaciones. Los que me conocen sabrán que intentaré resistirme a los Rommel- en vlooienmarkten (mercados de las pulgas).

dijous, 31 de març del 2011

Jueves ecológico y numerología quesera

Durante la semana hemos gozado de un tiempo excelso según los locales: días soleados y frescos. Justo con el cambio de hora las nubes se han dejado notar. El día de hoy ha estado encapotado y algunas gotas se han dejado caer.


Volviendo a casa he divisado la pancarta que informa del mercado ecológico semanal con el eslógan Biologisch. Natuurlijk goed! (Orgánico. Bueno, ¡naturalmente!). El sábado pasado ya tuve mis reiteradas pruebas de la palabra natuurlijk que bien puede significar "por supuesto" como "naturalmente", que en este caso enfatiza más el objetivo de la frase. En este caso juegan Es interesante la cantidad y variedad de mercados que hay a lo largo del mes en Stationstraat. Es verdad que todavía no he hablado de los que suceden en la plaza Markt (mercado) y que deben ser más grandes y posiblemente más variados.

Hay pocas tiendas en este pequeño mercado con productos vegetales, panes y bollería y hasta un estante con quesos. No me he podido resistir a comprar queso. Soy un gran apasionado de los producto lácteos y he acabado comprando un queso de vaca de unos 8 meses (hecho en Abril del 2010).





Esto me lleva a comentar una anécdota que iba a relatar esta semana que sucedió no muy lejos de donde he realizado la compra ecológica. En el supermercado de siempre hay una sección de quesos en la que hay gran variedad tanto ya envasado como en su formato original y que requiere de un cuchillo de gran tamaño. Básicamente lo que yo conocía de los quesos holandeses se puede resumir en dos palabras: queso bola y queso barra. Vaya, que la indústria quesera holandesa versa más sobre el producto de origen vacuno y eminentemente tierno y graso y a veces un poco insulso para personas aguerridas a sabores extremos como yo.
Pues sin tener conocimiento alguno del neerlandés me lancé a los productos envasados que normalmente vienen como zonder korst (sin corteza). Había diferentes nombres tales como Goudse (Gouda), Zaanlander (similar al Gouda y Edam que se vende en Albert Heijn) o Beemsterkaas. Todos parecen ser más o menos iguales aunque unas etiquetas los diferencian como Belegen o Jong Belegen. Entendiendo que Belegen significaba curado y que Jong se parece al vocablo inglés Young o al germánico Jung la distinción era clara: Belegen significa curado y Jong Belegen (semi-curado).



Pero ya os imagináis que aprender un idioma y una cultura nuevas no es fácil y siempre hay retos que acechan al ingenio. Cerca de la denominación de la curación del queso hay una cifra. En el caso presente era un enigmático 48+. Incrédulo pensaba haberme transportado al olimpo de los quesos con maduraciones más allá de dos años. Aún así tenía un cortocircuito mental por tener un queso con más de dos años de maduración y que a la vez se ofertaba como joven y que a la vez tenía el mismo rango de maduración que el curado ....



Os podéis imaginer que adquirí sendas muestras para su degustación casera. Sorpresa mayúscula al no encontrar severas diferencias entre ambos sino más bien una sequedad más acuciante en el maduro.

Mis desastres a la hora de entender la cultura y el idioma se ventilan con los compañeros de trabajo. En este caso me había vuelto a equivocar en mi razonamiento metódico español. El etiquetaje de los quesos era correcto y verídico aunque mi interpretación distaba en mucho de la realidad. El 48+ se refiere a la cantidad de materia grasa en procentaje que el queso tiene. Por ello ambos dos tenían el mismo valor. Una vez aprendida la lección es fácil darse cuenta que a veces cuenta más ese dato que el nombre del queso o los ingredientes que tiene.

Mi placer con los quesos es incuantificable e insignificantes la numerología asociada aunque tendré que poner coto a su consumo habitual por sus repercusiones metabólicas en mi ser.





dissabte, 12 de març del 2011

Soñando en el mercadillo

El sábado es un día tranquilo para pasear si el tiempo acompaña como hoy (ligeramente nublado con 12 grados). Mi cometido era el de encontrar unas buenas almohadas ya que las que hay en el piso se asemejan a una pasta dura de chicle reseco. Las noches son difíciles contiendas en las que mi cuello no sale indemne.
Hay tres tiendas de mobiliario y complementos del 'descanso' en Avenue Céramique por las que paso por delante cada día para ir a las oficinas. Es una pena que los dormitorios de exposición no se alquilen ....
He entrado en dos de las tiendas y sus vendedores me ha expuesto las múltiples variedades de tipos de materiales de los que pueden estar hechas las almohadas. Hay pocas cosas que no compre sin mucha dilación. Esta es una de ellas.

En cambio, las baratijas son casi mi devoción. Coleccionar no es algo de lo que me enorgullezca y máxime cuando hace escasamente un mes he tenido que darme cuenta a las bravas de la cantidad de cosas que he llegado a acumular. Digamos que como los grandes museos, mi colección privada es vastamente superior a lo que se muestra a los visitantes. En cambio, el valor de los artículos va parejo al del precio al kilo de sus materiales.

Los sábados hay un mercadillo en Stationstraat entre la propia estación y Wilhelminasingel. La gran amyoría de artículos son de decoración de los años 20-40, complementos para vestir  de época y seguramente prohibidos actualmente (como las bufandas de zorro) y, como no, vinilos, medallas, condecoraciones y postales variadas.






Extrañamente no he sacado mi billetera esta vez. Quién sabe si ocurrirá el próximo fin de semana ya que les he puesto el ojo a varios artículos.