Hace poco nos alegrábamos todos de poder desprendernos de los abrigos de piel y de las martas cubriendo los blancos cuellos. Blancos no porque seamos de la élite laboral, que en este país abunda en comparación con las tierras dónde mis raíces germinaron, sino por la falta de fijación de Vitamina D y de los rayos ultravioletas.
Como todo lo bueno, y lo malo, en esta vida, se acabó. La alegría duró dos días en los que el sol iluminó mi escritorio mientras escribía el anterior artículo. Desde entonces la rutina diaria se ha vuelto plúmbea, con ventisca y ayer hasta granizó. Vaya, que las terrazas no han apagado todavía los calefatores.
Y esto pasa aquí y en Pekín. ¿Cómo no va a haber el mismo clima trescientos kilómetros al Norte? En mi tránsito regular hacia la capital durante la carga del sistema operativo del ordernador portátil, cuando el artículo de prensa le hace uno reflexionar o simplemente para descansar los nervios ópticos, la mirada atraviesa las límpidas ventanas hacia los verdes prados o la congestionada indústria que se atraviesa velozmente.
Los trenes, modernos, de la red nacional de transporte (NS) son de escueto y funcional diseño como se puede observar en la siguiente fotografía.
Las vistas del interior, de segunda clase en este caso, certifican la idoneidad del diseño.
La siguiente fotografía muestra un vagón de segunda clase de las privatizadas líneas regionales a cargo de veolia.
Se podría ambas fotografías y diseños de los vagones. Empecemos, pues, el juego de las siete diferencias. O, mejor dicho, busquemos las similitudes para promover el espíritu positivo. Y en éstas, con algo de agudeza visual uno se percatará de la inexistencia de visillos. Cuando yo era pequeño, todavía el mundo era en blanco y negro, las cortinas de los trenes veraniegos rezumaban del bagaje que habían acumulado desde que fueren instalados. Esos son los intensos olores que han moldeado nuestra sociedad. Algo que podemos considerar del pretérito.
En un país en el que la probabilidad de tener un día soleado es inferior a que la selección nacional de fútbol gane a la selección vecina, la necesidad de cortina sería irrelevante. De máxima imporancia es el porvenir que se escribirá en media hora.
Así pues, en esas raras fechas históricas en que lo imposible deja de ser ficción, uno debe resistir una sesión de radiación superior a la sugerida por la OMS sin poder hacer nada al respecto. A no ser que la holgazanería impida moverse al otro lado del vagón.
Con lo bonito que es mirar por la ventana. Y más ahora que se ha vuelto el cielo negro y los truenos retumban.
Viviendo casi a la misma altura que Calgary o Alberta, uno puede presumir de contar con grandes cambios estacionales. La verdad es que hace bien poco los estanques eran pistas de patinaje para niños y adultos y ahora reflejan el cortejo amoroso de los estudiantes internacionales.
En la búsqueda de un nuevo piso en el que cobijarme una de las premisas aparte de estar en un sitio más bien silnecioso y cercano al centro era que una miaja de rayo solar se colara por las ventanas a lo largo del día.
Como buen escutlta, al emplazar los pisos los contrastaba con mi brújula mental para situar fachadas y puntos cardinales. Maastricht es una ciudad que se vertebra en un eje Norte-Sur que traza el río. Así pues, teniéndolo en mente uno puede llegar a presuponer si el ventanuco del retrete orea a Bélgica o a Alemania. Digo que uno debe hacer el ejercicio ya que escasean los días soleados y la espesa capa de nubes plúmbeas difuminan todo rastro solar.
El piso en el que vivo tiene ventanas orientadas a Este-Nor-Este y Oeste-Sur-Oeste para ser redichos. Poco me podía imaginar que a mediados de invierno el sol se colara por los vidrios a primeras horas de la mañana. El sol se desperezaba cabizbajo y con mortecina intensidad. Adormilado se despedía por mi dormitorio.
En España estaba acostumbrado a que el sol en invierno tuviera una altura mucho menor que en el apogeo del verano pero no me llegaba a imaginar que los pocos 10 grados de latitud significaran también un radical cambio en el orto y ocaso solar.
Hoy el sol ha salido a 80 grados Este y se pone a 280 Oeste. Mirando los puntos cardinales y teniendo en cuenta como referencia el azimut, se aprecia que E son 90 grados y, por lo tanto, 80 está camino de ENE. De la misma manera, 280 supera el Oeste en dirección a ONO. Los valores para Barcelona para hoy son 82 y 282 grados respectivamente con lo que el tránsito solar es ya mayor en Maastricht.
Los valores para el primero de Enero de este año han sido 127 y 233 grados que suponía un orto entre ESE-SE y un ocaso entre SO-OSO. Quizás no sea tanto el hecho de que el sol derive mucho más en estas latitudes sino que al convivir en una ciudad de poca altura, la trayectoria del astro rey se vislumbra con mayor facilidad.
En poco el día entero estará inundado de sol y será entonces cuando me quejaré de soasarme.
Una vez pasados roscos de Navidad, uvas de Año Nuevo, cabalgatas Reales el frío parece pertenecer al pasado. Todo tiene su tiempo y su fin; esto lo saben bien esta noche los políticos. Llegó el fin de mi hibernación literaria ya que la deportiva todavía espera la llegada del sofocante verano.
Algunas cosas han pasado desde aquél lejano Diciembre en que mezclaba consumo y frío. Ahora los mosquitos nublan la visión al viandante despreocupado y el consumo se reduce a la sangre del susodicho a mordisco limpio de tan querido ser viviente alado. Creo recordar que no hay gozo tan magnánimo al del degustado de sangre fresca por parte del culícidos (ya el nombre posee una perfídia puntillante) como de un conocido mío al desintegrarlos con sofisticadas herramientas de aplastante tecnología. Recuerdo una vez en plena ziénaga en la estepa rusa el no poder ver la piel de mi pantorilla por la cantidad de negras bestias que allí se habían congregado, a la sazón, siendo hora de comer ciertamente.
Como moscas a la miel, da la casualidad de que cuando el buen tiempo nos visita, el manto de nieve se cambia por el mantel a cuadros del picnic. Desconozco las ocupaciones de las personas ociosas que a diario pueblan el vírgen césped de los parques como el Stadpark pero puedo asegurar y aseguro que a diario los parques se llenan. Lo que sí sé es que la bonita estampa blanquecina de invierno con los lagos helados deja paso a la floración de nueva fauna que crece y aparece de un día para otro.
Botellas, vasos, bolsas de plástico; residuos en general que despreocupadamente los bronceados jóvenes olvidan. En su gran mayoría se trata de estudiantes que a finales de curso volverán a sus queridas ciudades de orígen también de forma despreocupada dejando un rastro de desperdicios y, seguramente, borracheras.
Es una pena que en tan civilizado país, la gente ensucie tanto. Ayuda el hecho de que la brigada de limpieza acomete con decisión la erradicación de tal nueva flora invasora para que al día siguiente el césped sólo conviva con los árboles en floración. En algún rincón entre la maleza, el invierno todavía batalla en forma de cubito de hielo olvidado o, más tristemente, desperdiciado.
Como bien se sabe, estamos próximos a los huevos de Pascua y espero que estas fruslerías no me los soben en demasía hasta entonces.
Los holandeses llevan ya una semana hablando de que hoy Sábado haría un calor como si estuviéramos en pleno verano. Siguiendo su buen hacer, todos han planificado actividades al aire libre para aprovechar el caluroso abrazo solar y máxime cuando pronostican cielo encapotado y lluvias para mañana.
Montado en mi Gazelle quería visitar Valkenburg, ciudad al este de Maastricht y así despejarme de tanta ciudad y ordenadores. La ruta empieza callejeando hasta que se cruzan las vías del tren y uno se adentra en una barrio residencial silencioso de casas de dos alturas. Poco a poco las casas empiezan a distanciarse hasta que aparecen verdes campos a ambos lados del carril bici y la carretera al finalizar Bergerstraat. Ese es el límite de la municipalidad de Maastricht que deja paso a la de Valkenburg aan de Geul, cuya capital era mi destino y que tiene una densidad de población de 464 hab./km² (comparable a los valores de La Bisbal d'Empordà con 505,2 hab/km²). La planície poco a poco va deformándose a lo largo de Rijksweg para llegar a Berg en lo alto de una montaña. Los campos se extienden ya sin miramientos hasta el infinito como se puede apreciar al abrir la página de la municipalidad.
No en vano su nombre significa ese tipo de accidente geológico. Las perlas de sudor ya acechaban mis pómulos. Seguramente no haya mucha ascensión pero no estoy acostumbrado a ir con una bicicleta que tiene de serie un pato grande y que sólo tiene tres marchas y que sus ruedas son grandes. Con o sin excusas, el caso es que desde Berg el camino sigue con una ascensión a intervalos pero de una forma más sosegada hasta Vilt. Mucho no he visto porque iba ya con velocidad de crucero. Poco más tarde, un gran giro a la altura del Valkenburg Holland Casino y el centro balneario Thermae 2000 desemboca en una caída casi libre a la hondonada dónde se encuentra Valkenburg. La bicicleta se ha desbocado con la ayuda de la serpenteante carretera que de forma intimidatoria se acecha al centro de la ciudad. La mitad del trabajo estaba hecho pero un sentimiento a medio camino entre el reto y el temor se ha instalado en mi ser. Todo lo que baja, sube.
He callejeado sobre la bicicleta por entre las calles peatonales asediadas de mesas y sillas al exterior que por aquel momento no estaban densamente pobladas como cuando he emprendido mi regreso.
Con casi 6000 habitantes, la ciudad conserva ruinas del castillo, las minas de caliza de Steenkolenmijn y mucho turismo de media clase que superpueblan los recintos de las afueras ya comentados y los cámpings y, de paso, bares y restaurantes y tiendas de recuerdos que, por esta vez, no han recibido mi atención.
En cambio sí que han recibido mi anteción los edificios antiguos y su característica arquitectura y combinación de pintura y piedra y la graciosa estatua de una chica en un puente sobre el río Geul.
Esta vez, siguiendo la estricta normativa vigente en las cercanías de las obras, se ha ataviado con chaleco reflectante y casco. ¡La seguridad y el buen humor siempre ante todo!
Mis devaneos me han llevado a visitar la estación de ferrocarril en uso más antigua de todo el país. Más bien parece un fortín como los de EXIN Castillos y más si se tiene en cuenta la guarnición a ambos lados del acceso pertrechados con sendas cervezas.
La línia férrea conecta con Maastricht y con Heerlen y como se ve, debe dar gusto ir en el convoy que parece nuevo y reluciente.
Eso sin contar el inmensio párking para coches y bicicletas.
Bueno, tanto ir en bici y de paseo tenía que tener fin. Una cerveza Brand bajo el tórrido sol de mediodía con la bici enfrente descansando en la sombra.
Cuatro tragos después era hora de emprender la dureza de la vuelta a casa por Cauberg, la carretera utilizada en mi acceso. Recordemos que estoy fuera de forma y que la bicicleta no es profesional ni es de ciclismo en ruta.
Veamos un ameno vídeo y luego continuemos el relato. El video es de la conocida Amstel Gold Race 2010 e interesa ver a partir del minuto 1:50.
Bueno, como se aprecia, el líder pierde toda su ventaja al desfondarse en el tramo final: la subida de Caubergcon un 12% de desnivel. He aguantado el tipo junto con otros ciclistas perfectamente equipados dejando en la cuneta mis riñones y a una pareja con bicicletas de ciudad como la mía. Deciros que ahora aprecio y respeto mucho más el ciclismo.
Dejado atrás el criminal ascenso he empezado a deshacer el recorrido anterior hasta Vilt. Ahí he tomado la dirección sur hacia Sibbe. Bonitas masías y espectaculares caminos arenosos que poco a poco van perdiendo altura.
El único molino de viento del camino visto de cara al ir acercándome parecía majestuoso .
He hecho unos cuantos malabarismos para no caerme al intentar hacerle otra foto cuando lo iba dejando por atrás. Si no me equivoco, hay un bar justo a los pies del mismo aunque ya iba servido por hoy.
La carretera ha sepertenteado un poco más bajando de altitud pasando por Bemelen hasta llegar al barrio residencial del principio con una fuerte brisa de cara sumada a la velocidad.
En total unos 25km y la cara y los brazos enrojecidos por haberlos sometido últimamente al letargo de la oscuridad nublosa. Un buen entretenimiento para el plácido día a la espera de lo que pueda suceder mañana.