dimecres, 12 d’octubre del 2011

No se negocia con el arte

Aunque Maastricht no es conocida mundialmente por su fondo artístico y la amplia red museística, sí que se puede considerar una ciudad muy activa culturalmente que aparte de organizar eventos tales como el TEFAF, Musica Sacra Maastricht o Preuvenemint, propone actuaciones artísticas por toda la ciudad y durante todo el año.

Sin tener que ceñirse a las galerías existentes, el proyecto Body Talks ha inundado los escaparates de los comercios que actualmente están vacíos de las céntricas calles Brusselstraat y Grote Gracht y alrededores.



Una intervención pública alrededor de la danza y el videoarte que no deja a nadie indiferente y que transforma a los transeúntes en curiosos adictos a la pantalla.

dissabte, 8 d’octubre del 2011

El precio de un kilo de pulgas

Ya es conocida mi pasión por la compra de productos añejos, inservibles y llenos de ácaros a la par que inútiles de los mercadillos. Conocedor de la existencia del mercado semanal que ocupa los aledaños de la estación de tren los sábados, a veces dejo que mi paseo cruce los tenderetes.

A mis finos oídos llegaron nuevas de que se organizaba el Mega Vlooienmarkt MECC Maastricht, una suerte de mega mercado de las pulgas en el recinto ferial de Maastricht. Cuan mayor gozo puedo tener que saber que existe un trozo de cielo polvoriento y remendado en tierra firme ¡¡y tan cerca de mí!!

Quizás para no ser menos que el grandilocuente TEFAF, existe derecho de admisión y cobro para la misma. Eso sí, no se adjuca catálogo alguno de los horrendos enseres y desechos culturales que se amontonan en los puestos. Desconozco si el precio de la entrada se destina a beneficiencia (ayudando a la gente a desintoxicarse de semenjantes aberraciones puestas a la venta) o a la compra solidaria de parte del stock presente en caso de malas ventas (extremo perfectamente plausible). El caso es que habiendo apoquinado la cifra de 3.5€, uno reconoce que no está en un mercado sino en una especie de museo del horror o instalación artística sobre los límites del gusto humano.

He visitado varios mercadillos por todo el mundo escudriñando posibles diamantes en bruto entre mares de negrura. El reto en sí mismo no es el de encontrar algo que cobijar en tu hogar sino hasta qué extremo puede haber gente que adquiera el género en venta. En ningún caso, en cambio, he tenido que pagar entrada ya que mucho es que uno se digne a caminar entre mugre como para además pagar por ello como si la gente fuera a hacer cola.

Pues creedme si os digo que había cola en la taquilla para obtener el ansiado pase para llenar el carrito de compra. La gente aquí viene equipada para tales eventos magnánimos.

Un hangar frío, desalmado, con un hilo musical quebradizo e insonoro y largas hileras de pasto de basurero o de ejercicios anti-estrés basados en la destrucción y quebranto de cuanto se tiene al alcance. La gran mayoría de la oferta era ropa de segunda mano, complments navideños, modernas estatuillas de porcelana de temática variada,  y hasta un montador de tejados con el muestrario de tejas multicolor ad-hoc.













Un fugaz paseo ha sido suficiente para observar que de interés no había más que la salida. Y máxime después de darme cuenta de que los que más se han divertido creo que han sido los niños, ajenos a las perdiciones coleccionistas colectivas.





Como en las buenas discotèques, a la salida te puedes dejar impregnar un sello de goma tintado para seguir saciando tu debilidad más tarde o mañana. En mi caso la tinta se ha quedado en el tintero ya que tengo planes de bañarme y limpiar mi mente de nefasta experiencia.

dimarts, 4 d’octubre del 2011

Situación alarmante

Aún habiendo vivido ya más de medio año entre prados verdes, cervezas espumosas y patatas embadurnadas de mayonesa no me imaginaba que al empezar la semana tendría tal sobresalto.

Justo a las doce en punto una estruendosa sirena irrumpió en el silencio de la oficina. ¿Una fuga química? No contenta con molestar a solas, un séquito de alarmas se unió en forma coral y desacompasada. ¿Un ataque áereo?

Efectivamente. Para mantener a la población en forma, cada primer lunes de mes a las doce en punto se erradica la bucólica paz mundana con las sirenas de la defensa civil

No es un recordatorio de cuan atentos debemos estar sino una invitación a comer porque ya va siendo hora de aplacar el hambre junto con el resto de los holandeses.

dimarts, 20 de setembre del 2011

Sabrosas melodías

El verano está llegando a su fin. Bueno, eso será en tierras más meridionales ya que aquí no ha parado de llover, ventisquear y atrofiar la sensación benigna del dolce far niente. Claro que en las latitudes en las que me encuentro no se prodiga el verbo latín. Sin embargo sí que les gusta a los lugareños agasajarse con eventos de toda índole. Para muestras, tres botones dispares.

Hace unas semanas, al final de Agosto, se realizó el Preuvenemint. El evento culinario por execelencia de la culta y aristocrática villa fronterera. Desde hace unos treinta años se celebra una reunión que ensalza a los bon vivants y despierta los más delicados apetitos. En esta ocasión se celebró en Vrijthof. Una plaza de tamaño considerable en la que no cabía ni un alfiler. Varias decenas de casetas albergaban delicias de las cocinas de los restaurantes y tiendas de cometibles más emblemáticas. Quesos, vinos, sopas, ostras, champagne, ....

Sería perfecto si no hubiera llovido a cántaros. Los holandeses mantienen intactos los genes vikingos así que son aguerridos y poco temerosos del elemento líquido. Aún cayendo un diluvio la gente no paraba de llegar al encuentro. Y una vez a resguardo de la tromba, qué mejor espera que la de unas tapas exquisitas con vinos lejanos. Podré contar a mis nietos que un día comí una mini hamburguesa de Wagyū. Nunca sabré si dicha carne tenía algún que otro masaje más que el de la preparación del picadillo.

Cuando comento que está la flor y nata gastronómica debo concretar que se trata de una pequeña mentira. El estandarte de cocina internacional de la ciudad y poseedor de una doble estrella Michelin, Beluga, no estaba presente este año. Dicen las malas lenguas que la lucha de egos del mâitre contra el resto de la organización hizo que tomara la decisión de hacer la fiesta por su lado. Así es que este año, sin la propuesta exclusiva de su restaurante, se han trasladado a la otra orilla del río con su Beluga Beach Club, A imagen de cuaquier club ibicenco, grandes tallas de budas colmados de velas se disponen a lo largo de un gran rectángulo con algunas mesas al descubierto sobre fina arena.

El negocio podría ser perfecto si no tuviera los inconvenientes de que no dispone de playa; de que el clima no acompaña a estar al aire libre; que las carpas están alejadas del centro de la ciudad; que el horario de cierre es a la una de la madrugada. Durante el día está (demasiado) tranquilo y sólo se anima pasadas las diez de la noche.

El caso es que en cuatro días, Preuvenemint hizo 1.5 millones de euros mientras que no creo que el club veraniego pueda tan siquiera acercarse. Me recuerda al intento fallido de las patatas fritas que ya relaté al inicio de la temporada veraniega.

Y como manda la tradición, después del Carnaval vienela Cuaresma. En la versión estival eso se escenifica con Musica Sacra Maastricht; el festival de música y arte religioso.

Durante el fin de semana pasado, se realizaron en varias localizaciones de la ciudad conciertos, happennings culturales, representaciones, exposiciones con el motivo religioso como nexo. No se cae en la simpleza de poner reliquias medievales y música cristiana trascendente sino que el hallazgo de la fe debe ser el motor creativo.

Tuve la suerte de asistir a un evento único. El lugar era la Abadía de Sint Benedictusberg, sita en Mamelis A unos treinta kilómetros al Este de Maastricht y justo bordeando la frontera alemana se encuentra en un valle abierto la construcción con mayor dicotomía que he visto en mi vida. Un edificio fortificado del siglo XIX con gran influencia germánica con un mamotreto regio y sobrio obra del padre de la misma orden benedictina Hans van der Laan. Como todos los genios habidos y por haber, tuvo su iluminación con la edificación basada en el número áureo. Con esa sencilla regla y un montón de ladrillos hizo escuela arquitectónica. Y también ya puesto hizo el mobiliario ad-hoc supervisando hasta el más nimio detalle de su diseño y fabricación.





En el nuevo claustro se hizo la presentación mundial de No man's land de Kate Moore. Una especie de paisaje acústico en tres partes con los ocho chelos de Cell8ctet haciendo variaciones tonales con desfases intensificados. Una alegoría del intimismo en pleno recinto cuya norma es el puro y santo silencio.
Obsérvese la atenta y seria pose de la compositora (segunda por la izquierda) justo antes del concierto.



Más vale una imagen que mil palabras. Y mucho mejor poner un extracto de la pieza en formato videográfico. Nótese que el vídeo no fue realizado por mi persona.

Justo después de que los aplausos claurosos se evaporaran las campanas retronaron de forma impertinente para que nos dirigiéramos al interior del recinto para asistir a una misa al estilo gregoriano. El espacio interior respiraba luz y serenidad muy acorde con la introspección que pregonan sus habitantes. El cántico apagado y el intenso incienso embriagaba y adormecía.





Unas cuantos pasos perdidos, fotos no permitidas y de vuelta a la gran urbe con más hambre que espiritualidad.

Acabaré este extenso texto lleno de referencias culturales con la tercera actividad que en breves fechas visitará la ciudad. Una comunión entre la comida (supongo) y la música (menos religiosa y más mundanal): TunaFestival Maastricht.

Por suerte o desgracia (no desvelaré mi parecer) el próximo fin de semana me encontraré en el extranjero. Bien lejos del ronroneo.

dimarts, 16 d’agost del 2011

Ideas de carteros

Recientemente he estado atareado con varios pormenores cuyo interés no es baladí para mi persona, a saber: primer viaje de vuelta a terras patrias desde mi asentamiento y búsqueda-y-captura de un nuevo piso.

Sin entrar en detalles de los mismos, en vista de su publicación en fechas venideras, no quería dejar de comentar aquellos detalles que a la par que me asombran y fascinan hacen emerger una sonrisa placentera en mi faz.

Desde pequeño (y también en fechas presentes) he tenido ideas locas. Algunas han sido plasmadas en la ciencia ficción universal, otras han sido tremendos fracasos comerciales y sociales y otras, las muchas, han quedado postergadas al olvido de la sociedad y de mi mismo. Una de ellas se centraba en la pura simplifación de las direcciones postales. Harto de invertir tanto tiempo en escribir las direcciones en las postales veraniegas y que algunas de ellas nunca llegaran a su destino sino a la mesilla de noche del cartero de turno; tuve una revelación. De la misma manera que se asignan números de teléfono para las casas y códigos de barras para los productos, se podría hacer lo mismo con las direcciones postales. De esta manera tan sólo necesitaríamos escribir un churro de muchas cifras y letras para detallar el destino.

Huelga decir que cualquier yerro tendría consecuencias fatales de la misma manera que cuando nos apuntamos en un posavasos el móvil del ligue de discoteca con unos sietes que posteriormente se leen como treses o unos.

Pues Holanda es el país de los inventores, de los ingenieros, de los prácticos o del pragmatismo exacerbado. Al rellenar cualquier formulario en el que se pide una dirección, se pide el número de la casa y el código postal. Con ésto basta para conocer el resto de detalles. Y es que a diferencia de los códigos postales de España, en los que se cubren miles de hogares de una población, zona o distrito, aquí el código combina tanto la población como la calle y el rango de número de casa. Los dos primeros dígitos corresponden a la ciudad y a la zona (62 para el caso de Maastricht). La combinación de las otras dos cifras y las dos letras dan el rango de números de la calle.

Desconozco si esta categorización existía antes de la privatización del servicio postal en favor de TNT o si fue esta compañía que introdujo su knowhow postal.

Una vez dicho, la verdad es que mucha miga más no se le puede sacar al tema. Así que, para aquellos días ociosos enmedio del tedio de Agosto podéis dedicaros a juguetear con los códigos en la página de la misma empresa si queréis practicar holandés o sino en esta anglófila. Os doy unos cuantos ejemplos de la ciudad de Maastricht para guiaros en el apasionante mundo de la sistemática ordenación urbana. Aparentemente, el 6211 AA es para Biesenweg y el 6211 AB de Fransensingel. Existen un rango de códigos numéricos que incluye, por ejemplo, 
  • 6221 BK, Wilhelminasingel del número 2 al 68
  • 6221 BL, Wilhelminsaingel del número 70 al 118
En el caso que la casa tenga número impar,
  • 6221 BE, Wilhelminsaingel del número 1 al 41
  • 6221 BG, Wilhelminsaingel del número 43 al 89
  • 6221 BH, Wilhelminsaingel del número 91 al 109
  • 6221 BJ, Wilhelminsaingel del número 111 al 127
A simple vista se observan dos hechos de gran trascendencia. El primero es que la agrupación numérica se hace por números pares o impares ya que implica que las casas están pegadas las unas a las otras o, en su defecto, unas cerca de las otras. En el caso de la Avinguda Diagonal de Barcelona, dar el rango del 499 al 500 supone ya un desmadre al distar entre ellas 1.1Km.

Para los con el ojo avizor, salta a la vista que los códigos no son correlativos y que existen algunas lagunas. Algunas letras no se usaban por razones técnicas tales como F, I, O, Q, U, Y (que leído rápido recuerda al improperio anglosajón) y algunas combinaciones están completamente descartadas por hechos penosos en la historia reciente vivida en Holanda tales como SS, SA o SD.

Entiendo que haya algunos de vosotros que prefiera otros pasatiempos como hacer sudokus o, como yo, crucigramas.

diumenge, 10 de juliol del 2011

Comida de lujo

Siendo un acérrimo detractor de las patatas plastificadas y no encontrando placer en las grandes marcas, echo de menos aquellas patatas auténticas que se pueden degustar a lo largo de la piel de toro.

Dicho ésto, no quita que me agencie una bolsa de crujientes patatas ahora que estamos en 'pleno' verano y los invitados que frecuentan mi piso quieren echarse algo al gaznate para acompañar cervezas, vino o cava.

Paseando por el supermercado había una oferta promocional de unas patatas con lindo y sobrio envoltorio. A lo largo del lateral se podía leer beluga. Viendo el diseño claro y diáfano pensé que serían exclusivas si además se tiene en cuenta que se remarca su origen en Devon. Tanta exquisitez tiene su origen en el restaurante con dos estrellas Michellin sito en Maastricht. El chef ha ideado unas creaciones (o reinvenciones) de las simples y ampliamente comidas patatas fritas. Las dos especialidades han sido: sal marina avainillada y curry de Colombo.



Ganas tenía yo de abrirlas y darles el primer bocado pero esperaba tener la ocasión acertada. Un buen trozo de Duitse Biefstuk (bistec alemán) de rund (buey). Al abrir la bolsa, el aroma de vainilla se ha instalado en mis fosas nasales. Como todavía no había empezado a cocinar, se trataba de un arrebato previo a la ingestaalimenticia con una cerveza. El horror no podría haber sido mayor al tener en la boca una mezcla aceitosa que crujía dulcemente. Como si a la vez comiera patatas fritas con un caramelo. Solas aterran. Con cerveza atentan al buen gusto. Con la carne desatan un conflicto armado en el paladar. En un intento de salvar la situación he abierto las patatas al curry. Más bien parece que engulla el bote de curry con aderezo de aceite de cárter.

Desarmado del placer de los tubérculos, me he limitado a comer sanamente el trozo de animal a la parrilla. No se qué pensaría de tal estupidez nuestros amados chefs. Como bien dice el refranero español: 'Para inventos, la gaseosa.'

El mismo día en el que compré sendas bolsas de insensatez culinaria, adquirí un fuet auténtico. Debidamente aireado un par de días y habiendo perfumado el estante dónde se encuentra, los trozos me retrotraen a Catalunya. No se trata del mejor fuet pero si que mejora en mucho al cortado y envasado que ya describí hace unas semanas. En ningún caso reniego de mi integración pero visto lo visto, creo que en mi tierra tenemos más idea sobre el gusto por la comida.


Ya tengo un buen vino blanco (Baluarte Verdejo 2010) con el que acompañar esta deliciosa tapa veraniega. Bueno, lo que se dice verano aquí no 'tenemos de eso'. Cada día llueve, hay viento fresco o como mínimo las nubes nos protegen de padecer insolación. Los pocos destellos de luz parecen advenimientos místicos.




divendres, 1 de juliol del 2011

Gimnasia frutícola-vegetal

Vuelve a ser viernes. Vuelve a llover a cántaros. Estamos a 14 grados; en plena canícula, vaya.

Antes de que las nubes me ducharan de nuevo he podido visitar el mercado. La primera parada ha sido delante de una pescadería con multitud de pescado no troceado ni envasado como tengo visto en el supermercado. Un buen trozo de atún (14 €/kg) y otro de merluza (13 €/kg).

Me he ido directo a la parada en la que siempre compro fruta. No tenía ni idea de lo que se avecinaba. Las ofertas del día eran de gran peso. Dos bolsas repletas de vegetales entre los que hay col, coliflor, pepino (holandés supongo), judías verdes, zanahorias, lechuga y tomates. Total 9 kg. Precio: 5 €.




Por si no fuera suficiente, uno que sabe de dietética tiene en cuenta el aporte extra vitamínico de la fruta. El lote de hoy contenía desde paraguayos, mango, plátanos, melones, piña y nectarinas (españolas). Total: 8 kg. Precio: 5 €. Las frmabuesas, por mi debilidad, han caído también por 2 €.


Ahora tendré serios problemas para almacenar la ingente cantidad de comida al no disponer de una cámara frigorífica industrial.

Diluvia. Y los brazos todavía me tiemblan del esfuerzo hercúleo.