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dissabte, 5 de novembre del 2011

Ruido navideño

El tiempo no acompañaba, como nunca suele hacerlo en Holanda, pero desde hace una semana de forma organizada y aplicada se han instalado las luces de adorno navideño en las calles de la ciudad.

Digo que no el clima no era el mejor porque sorprendentemente estamos a unos 20 grados aún siendo principio de Noviembre. Habrá quienes les aterre el simple hecho del gasto eléctrico, otros la cursilería de su diseño, sin contar con aquellos a los que se les alegra el alma con tan tan pequeño brillo.

No caeré en la tentación de la crítica consumista, ni el tinte falso y caduco de gloria, celebración y felicidad impuesta. Con razón mi propia persona es tachada de cenizo. ¡¡Qué menos ahora que los hogares y las estufas están a punto de ser masivos generadores de tal escombro!!












La gran mayoría de gente no se percata de los cambios que acontecen a su alrededor. Ni se fijan si te has puesto la misma camisa dos días seguidos a no ser que apestes. Todo en la vida, sin embargo, tiene un límite. Parece que el ayuntamiento se ha propuesto que los vecinos se den perfecta cuenta instalando dichas guirnaldas por las calles del centro en plena madrugada con el ruido de fondo del motor de la grúa elevadora. El aderezo lo han puesto los beodos y su bocerío. Como si estuvieran en un videojuego de última generación, demostraban su poca pericia a la hora de esquivar el camión-grúa.

divendres, 1 de juliol del 2011

Gimnasia frutícola-vegetal

Vuelve a ser viernes. Vuelve a llover a cántaros. Estamos a 14 grados; en plena canícula, vaya.

Antes de que las nubes me ducharan de nuevo he podido visitar el mercado. La primera parada ha sido delante de una pescadería con multitud de pescado no troceado ni envasado como tengo visto en el supermercado. Un buen trozo de atún (14 €/kg) y otro de merluza (13 €/kg).

Me he ido directo a la parada en la que siempre compro fruta. No tenía ni idea de lo que se avecinaba. Las ofertas del día eran de gran peso. Dos bolsas repletas de vegetales entre los que hay col, coliflor, pepino (holandés supongo), judías verdes, zanahorias, lechuga y tomates. Total 9 kg. Precio: 5 €.




Por si no fuera suficiente, uno que sabe de dietética tiene en cuenta el aporte extra vitamínico de la fruta. El lote de hoy contenía desde paraguayos, mango, plátanos, melones, piña y nectarinas (españolas). Total: 8 kg. Precio: 5 €. Las frmabuesas, por mi debilidad, han caído también por 2 €.


Ahora tendré serios problemas para almacenar la ingente cantidad de comida al no disponer de una cámara frigorífica industrial.

Diluvia. Y los brazos todavía me tiemblan del esfuerzo hercúleo.

divendres, 17 de juny del 2011

Las frutas y su sexo

Como cada viernes, hoy toca mercado. Me he agenciado tres cestas de fresas del país y tres mangos de procedencia lejana cuyos sexos desconozco. Tan sólo sé que a la hora de ir al mercado uno tiene que tener claro qué género quiere degustar. Sin entrar en la discusión del grado de ecologismo de dichas frutas, sorprende observar el porte de las fresas; más cercanas al de las ciruelas.




Aprovecho la ocasión para poner mostrar una estampa de hace unas semanas justo el día siguiente de que Alemania lanzara acusaciones infundadas sobre la pureza vegetal española radicada en nuestros courgettes (pepinos). Creo recordar que los pepinos se vendieron aunque a la vez los de origen holandés acababan en los contenedores.

divendres, 27 de maig del 2011

Tortura lingüística

Acabo de llegar de realizar la prueba de nivel de holandés. Como uno puede imaginarse, aún habiendo experimentado la lectura concienzuda del manual del calentador, recibido cartas indescifrables y llamadas inquisitivas y contactado líneas telefónicas de soporte; en sólo tres meses mi conocimiento del idioma no ha evolucionado ostensiblemente más allá de gezondheid (salud para los estornudos) y tot en met maandag (hastga el lunes; muy apropiado para días como hoy).

Para poder empezar las clases necesito una evaluación de mi nivel de conocimientos de la lengua. A ello me he dirigido esta tarde sin saber la extensión del procedimiento que iba a ser sometido.

Después de una extensa exposición de mis detalles personales y profesionales ha seguido una retaíla de preguntas con trampa. Como si estuviera jugando al Trivial Pursuit, todas las preguntas eran de "Sociedad" aunque no he ganado ningún "quesito". Questiones como "Si tienes fiebre durante tres días, ¿qué haces?" o "Si a una persona de más de 60 años se le pide la documentación en la calle y no proporciona ningún documento, ¿qué sucede?" o "¿Qué curso cursa un nió de 13 años?" o "Si has ido al banco para abrir una cuenta bancaria de una empresa que acabas de crear en Holanda, ¿qué debes hacer luego?". Para la última pregunta,mi intuición me recomendaría pedir un crédito y huir del país lo más rápidamente posible.

No quieren que la gente aprenda el idioma sino que sepan los elementos esenciales de su cultura y forma de vida. Puedo entender y compartir esa voluntad pero creo que las preguntas son demasiado concretas como para que una persona pueda dar respuestas acertadas.

Para combatir tu baja autoestima en el país de acogida, te presentan unos ejercicios de lógica en los que mezclas pelotas, rayas, palaras y series numéricas. Por suerte el presupuesto no da para más que fotocopias en blanco y negro y, por lo tanto, la variabilidad de combinaciones utilizando colores está vetada.

Creyendo que eso es casi todo, te dan una lista con cuatro columnas de palabras para que las dictes en voz alta. Recordando The King's Speech cogía aire antes de pronunciar sonidos abyectos de palabras abstractas a mi entender. Las palabras van aumentando en longitud y amalgama de consonantes inmiscibles hasta llegar a eiersalade (ensalada de huevo). No es para menos los ídem que tienen en poner senda lista. Por si no fuera poco, te dan varios textos breves con frases inacabables y más te vale no pensar en el ridículo que estás haciendo, ni fijarte en las carcajadas contenidas del evaluador ni intentar entender de qué va lo que estás leyendo. Un trabalenguas, vaya. 

Uno ya empieza a sentir resquemor de haber empezado el procedimiento de iniciación al curso pero sin tener mucho tiempo para reflexiones porque ya en la mesa están unas fotocopias con textos. El primero una postal de unos holandeses con chanclas y calcetines, retostados bajo el sol parisino que dicen cosas que no me interesan y, de paso, no entiendo. El segundo texto, denso él, una descripción sobre la maquinaria (ligera y pesada) que dispone el ayuntamiento para la limpieza de las calles. Las respuestas surgen más de la intuición, de la reinterpretación de palabras y mirando dibujos que no de la asimilación del contenido mismo.

Un cuestionario pidiendo mis datos personales, prácticas deportivas, hobbies en general y otras palabras incomprensibles a lo largo de 4 caras culmina mi capacidad narrativa en holandés que es, en definitiva, nula. "¿Has respondido las preguntas en inglés?". ¿Debo responder o es una pregunta retórica?

Sin atender al deficiente nivel que dispongo, proseguimos con la prueba oral. Una conversación en la que un abuelete pide pastillas a una farmacéutica y las preguntas típicas de cuantas tomarse y cómo. Pero para ser el más listo de la clase tienes que saber responder las preguntas de la segunda prueba oral en la que te ponen una locución de la información horaria ferroviaria con eco incluído para dotar de mayor realismo al tema. Vaya, que de ser una situación verídica, seguro que cojo el tren a Groningen (nuestra Cuenca pero sin casas colgantes).

Tres sobrias preguntas sobre mi nombre (¡bien! lo he entendido), mi lugar de procedencia (
¿lo qué?) y mi dirección (!estoy que me salgo!) cierran el cuestionario con una amplia sobrisa benevolente del inquisidor.

Volviendo sobre los lomos de mi bicicleta, luchando contra el plomizo día y el presistente viento, ya no sé si tengo ganas de continuar, de aprender el idioma o promover la lengua de signos para eludir más traumas venideros.

divendres, 6 de maig del 2011

Amor en tiempos benignos

Cuando el buen tiempo anima la cara de la gente, se juntan las dos mayores pasiones que más simbolizan e identifican a los holandeses. El amor por el desplazamiento sobre dos ruedas con impulso mecánico humano y el amor por la merecida recompensa por tal esfuerzo con una cerveza. O varias. Digamos que quizás la medida en Holanda no son las unidades sino las docenas.

Así pues no sorprende a ningún transehunte la situación de equilibrista circense que a la vez controla la dirección y destino de la bicicleta y la estabilidad de la caja repleta de cervezas.




Luego dicen que los chinos son expertos ciclistas pero creo que los holandeses también una simbiosis perfecta con el vehículo.

¡Por fin es viernes!

divendres, 15 d’abril del 2011

Mercado de todo tipo

Las oficinas del Gemeente Maastricht están cerca de la plaza Markt. Los miércoles y viernes hay un weekmarket (mercado semanal) allí que ocupa la totalidad de la esplanada y que tiene todo tipo de artículos en comparación con las ediciones diarias de plantas y comidas (con unas 20 paradas en comparación con las 200 del miércoles o las casi 400 del viernes).

Como el mercado en tiempos medievales, habia gente por todas partes, paradas con reclamos de todo tipo y productos variopintos para satisfacer casi cualquier necesidad. Lo primero que he podido observar es que la temporada de los verse asperges (espárragos frescos) ha empezado. En ristra se alinean centenares (sino miles) de ejemplares blanquecinos e idénticos para ser devorados por hordes vegetarianas. No son como los que cazamos en frondosos bosques que más se asemejan a una mustia hebra verde. Tendré que investigar el origen de dicho producto ya que no sería de extrañar que venga de tierras lejanas como se hace con los 'cojonudos'.



Y de allí pues a las frutas cítricas (de procedencia patria) y de frutas tropicales. Demostraciones de corte (y confección) de verduras al instante tipo teletienda pero en vivo y en directo. Tan real que al pasar cerca del estand, la cebolla me ha atacado las córneas después de morir despedazada a cuadros regulares.

Cerca de allí estaban las tiendas de repostería que tanto faltan en los mercados españoles. Decenas de variedades de bollería dulce seguida de panes de formas, colores y sabores  a discreción y rematado por las tradicionales wafles (gofres).




Y por si el inicio de la temporada de los espárragos no era suficiente, los huevos de pascua coloreados también tienen su cabida estacional en las paradas.



Y entremedio, pues unq quesería cerca de una tienda de botones y cremalleras con unas tiras de hombreras (¿eso no era de los 80?) y cinturones mil.

 






Los exigentes en la cocina pero no interesados en los productos en sí ni en los utensilios pueden decantarse en los relucientes hornillos dorados para poder fascinar a los vecinos en las visitas intempestivas que siempre nos regalan.


 Y para celebrar la supervivencia a tal descontrol consumista, uno puede saborear un buen cigarro.


Interesante la web de los mercados en la que se pueden ver las diferentes ediciones y sus localizaciones. Los que me conocen sabrán que intentaré resistirme a los Rommel- en vlooienmarkten (mercados de las pulgas).

dissabte, 9 d’abril del 2011

Hora punta

Empecemos hoy otra vez con un vídeo.


Aunque parezca mentira, este video no se ha tomado en domingo a la hora de la misa sino un viernes a las 9 de la mañana. Este es el colapso matutino en Maastricht. No creo que hagan estadísticas de circulación de coches pero me imagino que deben haber cifras sobre la calidad del aire que distan en gran medida con las de Barcelona o cualquier capital española. Es, pues, un enorme placer caminar por las anchas aceras de las avenidas ya que parece que su uso automovilístico es esporádico.

Al no haber mucha presión viaria y siendo el aire purificador de los pulmones, si el clima es benigno, la gente toma las calles y caminos con las siempre presentes bicicletas holandesas. A diferencia de otros modelos, aquí parece que sólo se vende en un tamaño. No es de extrañar pues que desde tiernas edades se monten en bicicletas que triplican su envergadura y que, por lo tanto, triplican su capacidad de transporte.